LEEMOS Y ESCUCHAMOS
He empezado a leer el diario que escribió Ana Frank sobre su vida y su familia, que fue perseguida por Hitler porque eran judíos. ¡Estoy impresionado!
EL DIARIO DE ANA FRANK
Ana Frank (adaptación)
Sábado, 20 de junio de 1942
He llegado al punto de inicio de toda esta idea de escribir un diario: no tengo ni una amiga. Y para darte todavía más importancia en mi fantasía, a la idea de la amiga del alma, no me gustaría anotar en este diario los hechos y nada más, como hace todo el mundo, sino que voy a hacer que el mismo diario se convierta en esa amiga, y esa amiga se va llamar Kitty.
¡Mi historia! (¡Cómo puedo ser tan despistada y olvidármela!)
Como si continúo así, sin una pequeña introducción, nadie entendería nada de Io que le explique a Kitty, tendré que relatar brevemente la historia de mi vida, por pocas ganas que tenga.
Mi padre; el más bueno de todos los padres que he conocido en mi vida, tenía ya treinta y seis años cuando se casó con mi madre, que tenía veinticinco. Mi hermana Margot nació en 1926, en Frankfurt, Alemania. Y yo la seguí el 12 de junio de 1929. Viví en Frankfurt hasta los cuatro años. Como somos judíos «de pura cepa», tuvimos que emigrar a Holanda en 1933. Mi padre vino primero y fue nombrado director de Opekta, una empresa holandesa de elaboración de mermeladas. Mi madre, Edith Holländer, vino a Holanda cerca de septiembre y Margot y yo fuimos a Aquisgrán, donde vivía mi abuela. Margot vino a Holanda en diciembre y yo, en febrero, cuando me pusieron sobre la mesa como regalo de aniversario para Margot.
Desde luego, la vida no estaba exenta de cierta agitación para nosotros, pues el resto de la familia se había quedado en Alemania y continuaba siendo víctima de las medidas contra los judíos decretadas por Hitler.
Después de mayo de 1940, los buenos tiempos quedaron definitivamente atrás: primero la guerra, después la capitulación, luego la invasión alemana, y así empezaron las desgracias para nosotros, los judíos. Las medidas antijudías se sucedieron rápidamente y se nos privó de muchas libertades.
Así transcurrían nuestros días: que si no podíamos hacer esto, que si aquello otro tampoco. Jacques siempre me dice: «Ya no me atrevo a hacer nada, porque me da miedo que no esté prohibido».
Por enero de 1942 murió la abuela, Nadie sabe cómo la extraño y cómo la continúo queriendo. Nosotros cuatro todavía estamos bien. Y así hemos llegado al día de hoy, 20 de junio de 1942. fecha en que, con toda solemnidad, estreno mi diario.